Taller Cuché Jabalí y su búsqueda de una propuesta que no encante a los turistas
julio 30, 2025
Por: Rodrigo Islas Brito
Fotos: Cortesía.
La gráfica oaxaqueña atraviesa por momentos de adaptabilidad y propuesta. La primera vertiente se manifiesta en torno a adaptarse y formar parte de la reinante gentrificación y turistificación que hoy se vive en Oaxaca, pegando en las paredes lo mismo esténciles llenos de rebeldía denunciando estas prácticas, que, ofertando sus servicios en dólares y en inglés, cinco minutos después. La segunda vertiente, la propuesta, es la que Taller Cuche Jabalí se ha dado a la tarea de buscar en estos días de Guelaguetza, celebración turística que hoy los gobiernos enarbolan como absolutamente identitaria.
César Eli García e Ignacio García, integrantes del mencionado taller cuentan cómo, ante la cercanía del Cuche Jabalí con el Centro de Convenciones, sede de la muy publicitada Feria del Mezcal, decidieron implementar en sus instalaciones una especie de campamento de producción gráfica, al que titularon con nombres variados como Open Estudio (con cierta sorna a la adaptación turistificadora a la que se ha hecho referencia) o simplemente, Tianguis Cultural.
Para esto se invitó a jóvenes artistas a ir a hacer base en la casa perteneciente al reconocido pintor y artista plástico, Dionicio Martínez, y con el aprovechamiento de dos o tres prensas de impresión, variadas en tamaño e intención, los experimentados integrantes del Cuche Jabalí, orientaron a las y los jóvenes artistas y estudiantes de la Escuela de Artes de la UABJO, en técnicas de producción que hasta ahora no conocían.
Samuel Olmedo, pintor y dibujante de 25 años, platica de su experiencia al mismo tiempo que redondea con una cuña el grabado sobre madera en el que está trabajando, dedicado a Cocijo, dios zapoteca de la lluvia. “Del tallado sale una réplica, por lo que se puede decir que es una técnica muy laboriosa, pero que la verdad vale mucho la pena”, comenta entusiasmado el artista con el sabor del aprendizaje en marcha.
También aprendiendo lo suyo en el Taller Cuche Jabalí, el joven Osvaldo Moya, quien se declara aun en el proceso de ser un artista plástico, talla con gozo y esfuerzo una serie de magueyes de madera. Define a lo que está haciendo como un “proceso curioso”, en el que se ha dejado llevar por los maestros del taller y sus consejos.
En medio de lo que considera “un ambiente divertido”, la joven autora Itzel Ibarreche, manipula un grabado en acrílico de punta seca con la figura de un mapache en una cantina, viendo pasar las horas en un enorme reloj. Define lo desarrollado hasta ahorita como diferente a otros aprendizajes por los que ha atravesado.
Aquí el grabado, la impresión, la manipulación de la prensa, le ha parecido a Itzel una cuestión en la que el interés siempre se ha mantenido arriba.
“En un taller vas y aprendes a hacer las cosas, así nada más, haciéndolas. No teorizas ni te empiezas a preguntar como vas a hacer el diseño de lo que quieres hacer. Te riges por lo más básico, así el conocimiento no se vuelve en un asunto de estatus sino de simple necesidad”, explica el impresor, grabador y escritor, César Elí García.
En el Cuche -Jabalí se impartieron en los días de Guelaguetza talleres de grabado de metal en lamina de zinc, “bajo un estilo tradicional, como se hacía en la vieja escuela al estilo Juan Alcázar”, apuntala el pintor e instructor, Ignacio García, sobre tiempos en los operaron los auténticos maestros. “El chiste del taller es que en un solo día se pueda realizar una placa en agua fuerte y agua tinta a dos o tres colores”, resume el entrevistado
Fausto Luna, trabajador del taller y hombre orquesta, enseña por su parte el cómo casi cualquier superficie puede ser sujeta de ser grabada. Una superficie acrílica muestra los contornos de una flor salvaje. Luna ha reciclado el plástico de una tapa de DVD para hacer pruebas.
El artista y performancero considera que el Cuche Jabalí ha progresado mucho en su calidad y que eso solo lo ha logrado con la suficiente dedicación y esmero. Pero también está la convicción para buscar hacer comunidad en su barrio perteneciente a Santa Lucia del Camino, trabajando e imprimiendo copias de grabados poseedoras de calidad y colores evocadores y vivos.
La siguiente jugada del Taller Cuche Jabalí será el armado de una carpeta grafica sobre cantinas tradicionales. En el Taller se cree que los exotismos deben partir desde la búsqueda de una verdad viva, no impostada, no mentirosa. Por lo pronto en esta semana de celebración de una fiesta cada vez más gentrificada, ahí se han lanzado a hacer comunidad. Los precios de la variada y poderosa grafica fueron cubiertos por vecinos y por gente con pinta de que son de acá. No se manejaron dólares.
0 comments
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.