SOUAD ZAKARANI

marzo 08, 2026

Escritora, poeta y traductora marroquĆ­. DespuĆ©s de obtener su licenciatura en literatura francesa y su maestrĆ­a en literatura inglesa, trabajó como profesora de idiomas extranjeros en un instituto de idiomas en la ciudad de Casablanca.
Domina los idiomas franceses, Ć”rabe, inglĆ©s, alemĆ”n, espaƱol e italiano. Actualmente trabaja como traductora en un periódico local, y tiene contribuciones poĆ©ticas, narrativas y crĆ­ticas en numerosos periódicos y revistas literarias locales e internacionales.
Sus obras han destacado en muchas antologĆ­as en Austria, Alemania, EspaƱa, Argentina, Australia, Reino Unido y Estados Unidos, como WELL READ Magazine, Hooligan Street Poetry, Revista Sofón, RESEARCH PLANET Jornal y Zest of the Lemon Vol. 3. Sus poemas fueron seleccionados para la lista corta del premio Ulrich GRASNIK Lyrikpreis 2025. EstĆ” trabajando en la publicación de su primer poemario en alemĆ”n y, ademĆ”s, le interesa traducir cuentos populares marroquĆ­es a varios idiomas. 


Para no dormir

Tengo miedo de cerrar los ojos,
Oh madre, Tu pestaƱa lanza una pregunta tras otra.
Hay una historia en tus ojos, dila.
Las palabras bostezan en mi boca,
Han habitado allĆ­ lo suficiente.
¡LevĆ”ntate, escombro!
¡Sal de mĆ­!
Ya no quiero acunarte mƔs.
QuizƔs pueda respirar,
Con un cuerpo libre de sudarios.
MƔndala fuera de nuestra casa.
¿Podemos ordenar la casa por Ćŗltima vez
Antes del Ʃxodo?

¿Podemos fotografiarla para el recuerdo
—Guardar todas nuestras risas, llantos y gritos—
Y luego partir?

Oh mar, alineado frente a nosotros
Como un abrazo tĆ­mido
En un mundo que no es nuestro,

¿Puedes enviar nuestro eco a los ocĆ©anos cercanos?
QuizƔs una ballena gigante golpee la base del ocupante.
¿Podemos inventar un nuevo alfabeto
Para el miedo, el dolor, el hogar,
Para que el mundo escuche
Ese sonido gris y constante sobre nosotros,

El zumbido de aviones,
El rugido de misiles
Sobre lo verde, sobre la ruina,
Sobre una lƔpida

Escrita con carbón en una casa quemada,
La huella de un cinturón de fuego…?
No les diremos: “Les dijimos… y les dijimos…”


Mil veces, los ojos sorben del cielo
Mientras buscamos calor
Que nos lleve suavemente al sueƱo
Bajo el balcón de nuestra casa,

Un sueƱo continuo que hace cosquillas a las estrellas.

Quiero… bostezar.
Quiero… dormir.
SoƱƩ que un lƭder hablaba.
¿Lo oyes, madre?
Los veo reƭr, alimentando pƔjaros.
Los veo jugar en el columpio del paraĆ­so,
Colores irisados brillan en un sueƱo arcoƭris,
Como una botella agitada, los sueƱos se mezclan dentro.

Madre, juro que lo vi:
Un solo sudario en Gaza lleva
Los cuerpos de tres mƔrtires.

Entonces me convertĆ­ en un cuerpo agotado, cargado,

Gimiendo de dolor.
Quiero oĆ­r el latido del sol,
O del corazón… esa esponja
Que se ha vuelto dura.

AsĆ­ caminamos nosotros —sobre plumas—
Hasta alcanzar la cima del agotamiento
A plena luz del dĆ­a, y decimos:
Oh Cristo… maƱana viviremos.


Compasión púrpura


Mis ojos la guarida del asombro
mi sonrisa un cetro honesto
yo misma un violĆ­n suspendido
entre el alma temblorosa
y la cadencia de sus cuerdas.


ElƩvame sobre tus palmas
con el Ć­mpetu de una Ćŗltima apuesta.
Dibuja las fƩrtiles praderas de la infancia
con tu compasión púrpura.
Colma los cƔntaros del instante
con vino derramado eternamente.
Dale a mis labios un tajo mĆ­tico,
inventa para mi rostro
un horizonte blanco como la virtud.
LlƩvame en tu pecho
como un delicioso secreto,
y refĆŗgiate en su sombra
cuando pierdas la ternura.
Permite que me oculte disipada
entre tus huesos,

como primavera ascendiendo por tus venas.
LlƩvame en cada amanecer
hacia tu serenidad.
Saborea la lluvia de mi memoria,
deja que su calor restaure
el frĆ­o del alma.
LlƩvame a la cima de tus anhelos,
usa los destellos de mis pƔrpados
para derribar al cruel emperador,
con la limpieza de mi corazón
purga este universo lacerado por la niebla,

espƩrame allƭ,
en las tardes de otros tiempos,
donde se enjoyan nuevas vidas,
espƩrame allƭ,
en el filo de lo absoluto,
abrƔzame allƭ en mi plenitud,


canta y baila conmigo,
celebrando el encuentro,
envueltos por lo eterno,
por la unión de la libertad y la certeza.


Mi novio, eres un mar
Mi corazón crece en un momento fugaz,
Como el sol, cada vez que me duermo.
CaĆ­ en tu orilla lejana,

Como una pieza de oro en un pozo sin fondo,
Como una ola que se dobla tiernamente,

y vendrƔ maƱana,
Tal vez se levante ruidosamente,
Como una barca que navega
Entre los brazos del azul,
Que tiembla por la lujuria de la vela,
El azul que escapa de ahogarse.
... al que dejƩ un azul a mƭ alrededor
y un rocĆ­o de agua en mis manos.
Sin ti, soy una gaviota que ha perdido el cielo;
Se fue solo, perdido en mil aƱos.
Sobre las arenas de tu playa,
SeguĆ­ ese azul frente a mĆ­.
La noche silenciosa es un mar silencioso
Cuya voz estĆ” en mis oĆ­dos.
Tu voz es la Ćŗnica que
Mueve las velas de mi alegrĆ­a.
Tus olas recogen mis pedazos
Como la eternidad que ha pasado.
AcariciƔndome, coqueteando conmigo,
Se acerca sigilosamente para borrar
mis pasos solitarios y me susurra:
«Pon tu manita —tu alma desnuda y sin dedos

— aquĆ­, en mi corazón,


en el que rugen las olas como una concha de mar vacĆ­a.
AcƩrcate... acƩrcate... ruega por la longevidad,
que las aguas del mar envejezcan en el seno de la noche.

Un corazón palpitante en tu lecho.
Volvamos... volvamos... volvamos... mar,
Como el eco de una canción de amor en los labios

De los pescadores.
AllĆ­ te das cuenta de que mi barquito
Ha perdido su vela entre tus pliegues.
Allí soy el que te vio y te llamó,

Una gaviota se volvió hacia mí y se posó cerca de ti.
Amortiguaré mi respiración mientras
Mojo mis dedos con agua salada.
«Huele a todo».

Me levanto y me paro como una roca
Puntiaguda mojada con la espuma de tu ola.
MƔs rƔpido... mƔs rƔpido mis pasos,
Para que no se apague la luz de mi balcón
Te busco en mis poemas:

Orillas que se extienden hacia destinos desconocidos.
Trenzas que saben viajar a lo largo y ancho
Y luego volver al ritmo de las gaviotas.
Ella me dice: «No debes olvidar que el mar...
Todo el mar ama la tinta desde siempre

Y desde su silencio,

Traza tus huellas sobre la arena para que...
El amor no se quede solo.
Siempre te susurra:
-Al mar


Aceitunas de Gaza


MĆ”s allĆ” de las paredes amenazantes,  
mientras el atardecer comienza a caer,  

un grupo de olivos se mece  

normalmente, escucharĆ­amos el sonido de los niƱos jugando.  

Pero en este lugar melancólico,  
los niƱos ya no tienen sonrisas en su rostro 
mientras las bombas mezan a caer,  
todos los recuerdos felices pronto se olvidan.  

Y lo que queda es un gran agujero,  
donde la vida una vez estuvo.  
Los edificios pueden haber sido destruidos,  
pero no puedes destruir el alma de Gaza.  

Porque aunque Gaza ahora estĆ” Llena de tristeza,  

y momentos de desesperación,  
el orgullo que el pueblo tiene en su tierra  
es algo que sigue en el aire.  

Y todo esto es gracias a los pequeƱos olivos,  
que se han estado meciendo en el viento  
y que observan Rafah, Khan Younis, Deir Al Balah,
Jabalia y todas las calles Gaza como guardianes  
pues saben que no son el pueblo de Gaza los que han pecado.  

AsĆ­ que los olivos se mecen el viento todo el dĆ­a,  
para que los niƱos de Gaza puedan jugar una vez mƔs.


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                                              SYLVETTE CABRERA NIEVES

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