OMAR MÉNDEZ

marzo 30, 2026


Nació en la ciudad de México, 1968. Poeta, artista plástico, fotógrafo y chef.  


 Al poder 

Chacho, muchacho, ¡Sí!, ¡Tu! El de nombre de terrorista.

Como te lo pondré, sin que tus asesores brujos de la estupidez, te den otra dosis de dedo rectal.

¿Dónde dejaste nuestra esperanza consumada?

¿A qué fajo de billetes, incluiste los últimos vestigios de ti?

¿En qué embriaguez dejaste los pies de tu cabeza, que has olvidado la razón que tu boca dejo salir?

¿A dónde nos fuiste arrumbar? 

¿A qué memoria USB nos apilaste con nombres ficticios?

¿A qué pantaletas descoloridas, de alguno de tus soldados nos fuiste a desaparecer?

Chacho, muchacho, ¡Sí!, ¿tu? El de nombre de terrorista.

Cómo te lo diré, sin que te rías histéricamente, porque no lo puedes explicar.

Y tus oídos dejen de vibrar en el re-timbrar  de los placeres de otras lenguas detrás de un celular con servicio sexual.

Cómo golpearte tan fuerte que puedas parir tus ojos, y ver las luces de tus calles abusadas, de tus re-pintadas fachadas.

Sospecha de tu miedo o quizás espanto, porque todos se dan cuenta que eres un hombre partido en dos, eres anal, sin permiso a papel higiénico.

Fabeto de una favela Oaxaqueña. Simple mono de calenda, hueco como las mentes de los posesos por la toxicidad de un volante de carrito de feria.

Eres otro loco paranoico que arrebata vidas sin ton ni son. Gemelo de tus decisiones, arrebatadas a una pirinola, ¡Sí!, ¡Sí!, Claro! Ya está en camino va en un elefante blanco.

Esperen un poco más, mientras recen al osito bimbo y la virgen marínela.

Aguanten hasta que el agua sobrepase lo imposible.

Aguanten hasta que la azotaina del hambre se te olvide o que tu cuello se enrosque en algún cable.

 Otro par de zapatos colgados de nuestro cielo azul, un foco fundido más que no de mal aspecto.

Recuerden que somos una ciudad, patrimonio de la in-humanidad turística.

Demuestren lo felices que somos, unten sus caras de mole con una sonrisa.

Embrollen sus roídas ropas a su alma campirana y aperjumence la lengua de mezcal y palabras picantes para celebrar la humareda del 2006.




Las cartas ya no llegan


Las cartas ya no llegan.

Porque el correo como mi abuelo desapareció

de este lado del mundo.

Los rastros que sobreviven,

ya son piezas arqueológicas

guardadas en las muelas de alguna llanta de motocicleta abandonada y carcomida por el sol oaxaqueño.



Las cartas ya no llegan.

Porque a los africanos no les gustan los osos polares.

Pero menos les gusta que recibas mis cartas.

Porque cuando me lees,

tú frio baja 50 grados.

La piel azul de foca que cubre tu cuerpo

desprende icebergs por todos lados.

Y esto hace triste a los elefantes.



Las cartas ya no llegan…

Porque en África no quieren pinos,

ni abetos, sino palmeras suaves,

arenas y cálidos vientos.

Las cartas ya no llegan.

Por qué se terminó la grana cochinilla de tu español.

Y yo no sé leer en leche de coco.



Las cartas ya no llegan…

Porque tu corazón se perdió

en la negritud de la distancia de otro continente

Y yo no puedo ver atreves de la resplandeciente

belleza de la sierra Juárez.

Las cartas ya no llegan.

Porque se extraviaron

En la bolsa rota del olvido mutuo.



DICE BACON QUE LA ESPERANZA ES UN BUEN DESAYUNO

PERO MUY MALA CENA.

Sólo para ti.

La agonía ya traía los patines puestos.

Hora de la defunción 11:08 del día de hoy.

Píntala de negro.

Las ventanas estaban cerradas bajo ninguna llave.

Y ahora están abiertas con clavos viejos.

Píntalos de negro.

Este dolor tan picosamente mexicano embadurna tu

corazón de melón que no deja abandonar la idea

de que en el mar la vida es más sabrosa.

Píntalos de negro.

Zozobra mi cuerpo debilitado en la cama, como un

coco pútrido por la duda.

Me cobijo con esos tres jalones de droga que salen de

mi incredulidad, con las siglas de algún partido político,

y ni si quiera he votado en los últimos sexenios.

Píntate de negro.

El insomnio ya tiene nombre,

soledad que invade mis pulmones.

Ansiedad sudorosa que lame mi piel, desplumando

el orden,

dejando en carne viva ese bulto que llaman amor;

quizá me compre unos Adidas para correr a la misma

velocidad que tú…

Me gustaría dispararte con mis ojos de Beretta

en medio de las palabras que recibo de ti en el Facebook.

Sólo así callaría esta comezón que enllaga mis dedos

y me detiene para escribir:

¡Chinga tu madre, sin que yo chinge a la mía!

¿Tú también Brutus? Te unes a la jauría de las

amazonas necias,

de la tierra del todo y nada, o nada más del todo ¡papá!

Sólo dejaste almizcle pintado de tristeza y un arcoíris

de L.S.D.,

a donde te vas a ir a pintar de colores.


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