LA CASA DE VAPOR: TÉCNICA, NATURALEZA Y DOMINACIÓN
octubre 18, 2026César Elí García
Ubicada en Manuel Bravo 204, en la colonia Centro, la librería de viejo Hoja Vieja es un terreno de hallazgos. Nunca he llegado con algún título en mente; por el contrario, me gusta hurgar en su mesa de ofertas. Entre libros olvidados y ejemplares que no despierten el interés de muchos lectores, he tenido la suerte de encontrar más de una posibilidad de lectura que vale la pena.
En esa mesa he encontrado algunos tomos de la obra completa de Amado Nervo, editada en 1920 por la madrileña Biblioteca Nueva y dirigida y cuidada por Alfonso Reyes, con ilustraciones de Marco. También he dado con buena parte de los breviarios del Fondo de Cultura Económica y con un ejemplar intonso de Psicología social, de Otto Klineberg, publicado en 1965 bajo el sello del FCE.
El hallazgo más reciente que merece la pena mencionar es un ejemplar de La casa de vapor, de Julio Verne. Protegido por un forro de papel de estraza, el libro, publicado en 1947 por Editorial Sopena de Argentina y traducido directamente del francés por José Onrubia, parece haber pertenecido a algún profesor de la época.
Gracias a ese forro, el ejemplar se conservaba en buenas condiciones. Sin embargo, el papel envejecido y el pegamento reseco por los años hicieron que, durante la lectura, algunas hojas se desprendieran y las tapas de cartulina terminaran por separarse. La situación me obligó a reencuadernarlo y añadirle una tapa dura. De alguna manera, la lectura vino acompañada de otro trabajo: rescatar el libro para que pudiera seguir siendo leído.
La casa de vapor
La historia transcurre en la India del siglo XIX, después de la rebelión de los cipayos de 1857, que dejó una profunda huella de muerte y violencia entre los insurgentes indios y las fuerzas británicas. Entre los personajes principales se encuentran Nana Sahib, uno de los dirigentes de la rebelión, y el coronel Edward Munro, un oficial británico marcado por la pérdida de su esposa. El conflicto histórico se mezcla con el dolor personal de ambos personajes, hasta convertir sus vidas en una persecución alimentada por el odio y el deseo de venganza.
La historia da un vuelco cuando Banks, un ingeniero inglés, construye un extraordinario elefante mecánico impulsado por vapor, capaz de arrastrar una casa y desplazarse por terrenos difíciles. La máquina se convierte en el centro de una expedición que reúne al propio Banks, al coronel Munro, al capitán Hod —un apasionado cazador de tigres— y a Maucler, quien participa en el viaje y relata sus peripecias. En principio, la travesía busca explorar los paisajes de la India y poner a prueba las capacidades del ingenio mecánico, además de ofrecer a Munro una distracción para aliviar su melancolía.
Sin embargo, el viaje pronto adquiere un sentido distinto. Munro aprovecha la expedición para buscar a Nana Sahib, a quien considera responsable de la muerte de su esposa, mientras que el antiguo rebelde, al enterarse de la presencia de su enemigo, orienta sus propios planes hacia la destrucción del coronel. Lo que comienza como una aventura científica y turística termina convirtiéndose en una persecución en la que la venganza amenaza con imponerse sobre cualquier otro propósito.
Durante el recorrido, el elefante de acero demuestra su capacidad para superar obstáculos y rivalizar incluso con animales de su misma figura. La máquina se vuelve así una muestra del ingenio de Banks y de la confianza que la técnica despierta en sus creadores. Pero la expedición también permite conocer otras formas de relacionarse con la naturaleza. En una región pantanosa y boscosa, los viajeros se encuentran con Mathias Van Guitt, un comerciante de animales salvajes que discute con el capitán Hod sobre la conveniencia de cazarlos o capturarlos vivos para venderlos y exhibirlos en zoológicos europeos.
A lo largo del viaje, los personajes se enfrentan a animales peligrosos, tormentas, terrenos agrestes y cuerpos de agua que ponen a prueba las capacidades del vehículo. No obstante, detrás de las peripecias y de los prodigios de la ingeniería, la enemistad entre Munro y Nana Sahib continúa creciendo hasta conducir la aventura hacia su desenlace trágico.
La técnica frente a la naturaleza
El siglo XIX fue una época marcada por el desarrollo de la máquina de vapor, que transformó los medios de transporte y producción y alimentó la confianza en que el ingenio humano podía superar obstáculos que hasta entonces parecían insalvables. Julio Verne, atento a las innovaciones de su tiempo, convirtió esa confianza en materia literaria. En La casa de vapor, la imaginación tecnológica adquiere la forma de un elefante mecánico que no solo reproduce la figura de un animal, sino que aprovecha la fuerza del vapor para transportar una casa y recorrer territorios difíciles.
La máquina es, al mismo tiempo, una maravilla de la ingeniería y una expresión de la confianza del hombre en su capacidad para transformar la naturaleza. El elefante de Banks no es un animal mejorado, sino un artefacto que imita su figura y pone esa imitación al servicio de los propósitos humanos. Su construcción permite llevar al terreno de la ficción una pregunta que también tiene resonancias filosóficas: ¿hasta dónde puede llegar el ingenio humano cuando intenta reproducir las capacidades de la naturaleza?
Esta pregunta nos remite, con las debidas precauciones, a ciertas ideas de René Descartes, quien comparó el funcionamiento de los animales con el de las máquinas. No podemos afirmar que Verne construyera su novela a partir de la filosofía cartesiana, pero sí reconocer una inquietud común: la posibilidad de explicar, imitar y reproducir mediante mecanismos las funciones que observamos en los seres vivos. En la obra de Verne, esta inquietud adquiere una forma visible y espectacular. El elefante mecánico demuestra que el hombre puede construir un artefacto capaz de realizar algunas de las tareas que corresponden a un animal y, en ciertos aspectos, superar sus limitaciones.
Pero el asombro ante la máquina también nos invita a mirar sus propósitos. ¿La técnica amplía nuestra capacidad para comprender la naturaleza o, al convertirla en algo reproducible y utilizable, refuerza también nuestra voluntad de dominarla? El problema no está necesariamente en construir una máquina que imite a un animal, sino en la confianza de que todo aquello que existe puede ponerse al servicio de las necesidades, los deseos o las ambiciones humanas.
La naturaleza como objeto de estudio y posesión
Otra figura que aparece en la novela es la del naturalista que recorre el mundo en busca de animales para estudiarlos, clasificarlos y, en ocasiones, llevarlos a Europa para exhibirlos en los zoológicos. Durante el viaje, Banks y sus compañeros conocen a Mathias Van Guitt, un comerciante de animales salvajes que discute con el capitán Hod sobre la conveniencia de cazar a las bestias o capturarlas vivas.
La discusión parece, en principio, una diferencia entre dos maneras de relacionarse con los animales. Para Hod, la caza representa una experiencia de riesgo y destreza; para Van Guitt, capturarlos vivos permite convertirlos en mercancías destinadas a la exhibición. Sin embargo, ambas posiciones parten de la posibilidad de disponer de los animales según los propósitos humanos. Mientras uno busca la emoción de la caza, el otro pretende conservarlos vivos para convertirlos en objetos de exhibición.
Aquí aparece otra expresión de la confianza del siglo XIX en la capacidad humana para ordenar y apropiarse del mundo natural. El conocimiento científico permite estudiar las especies, reconocer sus características y comprender mejor sus formas de vida. Pero ese conocimiento también puede quedar subordinado a intereses económicos y a una mirada que considera a los animales objetos disponibles para el comercio, la colección o el entretenimiento.
La novela permite advertir, de este modo, una tensión entre el asombro ante la naturaleza y la voluntad de someterla. La misma época que celebra el progreso técnico y científico encuentra motivos para capturar, transportar y exhibir aquello que despierta su curiosidad. La naturaleza es admirada, pero esa admiración no impide que sea tratada como una posesión.
La dominación y la venganza
Quizá el conflicto más profundo de La casa de vapor se encuentre en la relación entre el coronel Munro y Nana Sahib. Uno representa al poder británico que domina la India; el otro, al dirigente rebelde que se enfrenta a ese dominio. Sus posiciones históricas son distintas y no pueden reducirse a una misma voluntad de violencia. Sin embargo, la enemistad personal que los une termina por convertir la pérdida y el odio en los motores de sus acciones.
Munro busca vengar la muerte de su esposa, mientras Nana Sahib se convierte en el adversario al que debe destruir. De esta manera, el conflicto histórico se mezcla con una persecución personal en la que la venganza amenaza con ocupar el lugar de cualquier otra posibilidad de vida.
Hay aquí una contradicción que vale la pena examinar: cuando el deseo de castigar al enemigo se convierte en el propósito que organiza la existencia, el adversario termina determinando las decisiones de quien lo persigue. La venganza promete reparar una pérdida, pero puede prolongar sus consecuencias y consumir aquello que todavía conserva valor para quien la persigue. En el enfrentamiento entre Munro y Nana Sahib, la violencia no es solamente un recurso para vencer al otro; también es una fuerza que amenaza con reducir toda la existencia a la persecución y al odio.
Esto no significa que la rebelión del colonizado y la violencia del colonizador sean equivalentes. La dominación colonial y la resistencia contra ella ocupan lugares históricos distintos. La cuestión es otra: ¿qué sucede cuando la lucha contra una forma de dominio queda atrapada en el deseo de destruir al adversario? ¿Es posible conquistar la libertad sin que la violencia termine convirtiéndose en un fin por sí misma?
Décadas después de los acontecimientos que narra Verne, Gandhi propondría una manera distinta de entender la lucha por la libertad: la resistencia no violenta. Su pensamiento nos permite volver sobre una pregunta que el enfrentamiento entre Munro y Nana Sahib deja abierta: ¿cómo combatir la dominación sin terminar reproduciendo sus métodos?
La libertad no significa aceptar la injusticia ni renunciar a la resistencia; significa también preguntarnos por los medios que empleamos para alcanzarla. Cuando la lucha se reduce al deseo de destruir al adversario, existe el riesgo de que quien busca liberarse termine reproduciendo la lógica de aquel contra quien se rebela. El dominado puede vencer al dominador sin que por ello desaparezcan las formas de dominio.
Quizá esa sea una de las contradicciones más interesantes que podemos encontrar en La casa de vapor: tanto el poder colonial como el afán de venganza terminan atrapando a los personajes en una espiral de violencia. La novela nos recuerda así que vencer al enemigo no es necesariamente lo mismo que conquistar la libertad.

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