LA NUBE DE FÉLIX

octubre 28, 2026

 




En un vecindario donde las mañanas olían a pan recién horneado vivía Félix.

Félix era un niño bajito al que le gustaba jugar al fútbol. Cuando corría tras el balón se sentía feliz, y eso se notaba en la enorme sonrisa que aparecía en su rostro. Mientras ordenaba su cuarto disfrutaba cantar; lo hacía tan fuerte que sus hermanos cerraban la puerta entre carcajadas.

—Otra vez ya comenzó el concierto —decían.

Además del fútbol, a Félix le agradaban muchas otras cosas. Le gustaba dibujar inventos imposibles, jugar a las escondidas, escuchar las historias que le contaban sus abuelos y comer brócoli. Sí, brócoli.

—Son árboles pequeñitos —decía con orgullo mientras los mordía.

Casi siempre estaba feliz. Pero tenía un problema: las cosas malas crecían dentro de su cabeza hasta parecer enormes. Si en el recreo metía un gol, se sentía campeón del mundo… pero si después perdía un lápiz, cruzaba los brazos y decía:

—Ya se arruinó mi día.

No importaba si su mamá le preparaba hot cakes, si su abuelita le regalaba galletas o si sus amigos lo invitaban a jugar.

Cada vez que algo malo ocurría, Félix imaginaba una nube negra sobre su cabeza. Y, de un momento a otro, aquella nube parecía hacerse gigantesca.

Un martes por la mañana, Félix despertó de muy buen humor. Cantó mientras se bañaba, encontró una moneda brillante en la banqueta camino a la escuela y, durante el recreo, anotó un increíble gol desde media cancha. Pero ese mismo día, antes de entrar al salón, descubrió que había perdido su borrador favorito: uno morado con olor a uva.

Félix sintió un golpe en el pecho. Buscó en su mochila, en los bolsillos y debajo de su pupitre, pero nada. El borrador no aparecía por ninguna parte.

Durante la clase cruzó los brazos y apoyó la cabeza sobre el pupitre. Su amiga Camila lo miró de reojo.

—¿Qué pasó? —preguntó.

—Perdí mi borrador.

—Ah…

—Era el mejor borrador del universo.

Camila se quedó pensando un momento y luego dijo:

—Pero hoy metiste un gol desde media cancha.

—Sí, pero perdí mi borrador.

—Y tu abuelita te mandó galletas.

—Sí… pero perdí mi borrador.

Camila soltó una risita y habló en voz baja:

—Creo que tu cabeza hace zoom en las cosas malas.

Félix frunció el ceño.

—¿Zoom?

Antes de que Camila pudiera responder, la maestra Julia entró al salón. Ese día tocaba clase de emociones. La maestra dibujó un gran cielo en el pizarrón y después pegó una nube pequeña en una esquina.

—A veces —dijo— las cosas desagradables son como esta nube.

Luego tomó una lupa enorme y la colocó frente a la nube. A través de la lupa, la nube se volvió gigantesca.

Los niños soltaron un:

—¡Ooooh!

La maestra sonrió.

—Cuando nos ocurren cosas desagradables, nuestra mente hace eso: usa una lupa para mirar lo malo… y olvida mirar el resto del cielo.

Félix levantó un poco la cabeza.

La maestra siguió hablando mientras dibujaba un sol, algunas aves y un gran arcoíris alrededor de la nube.

—Las emociones sirven para avisarnos cosas importantes. La tristeza, el enojo o el miedo no son enemigos. Pero cuando miramos solo una parte del día, olvidamos todo lo demás que también existe.

Luego entregó a cada niño tres papelitos para que escribieran algo bueno que les hubiera pasado ese día.

Félix miró su lápiz durante unos segundos. Después se concentró en los papelitos en blanco. Pensó un momento y comenzó a escribir, lenta pero firmemente:

«Metí un súper gol».

«La maestra de danza dijo que fui el mejor danzante de la pluma».

«Las galletas de mi abuela tenían chispas de chocolate». Camila lo observó escribir con tanto entusiasmo que le preguntó:

—¿Y tu goma morada? Félix suspiró.

—Todavía me molesta.

—Claro —dijo ella—. Las nubes existen, pero no son todo el cielo.

Félix volvió a mirar sus tres papelitos. Entonces sonrió apenas un poquito, pero esta vez de verdad.

Al salir de la escuela, metió la mano en la bolsa pequeña de su mochila y sintió un bulto cuadrado y suave. Lo sacó. Sus ojos se iluminaron de sorpresa. Levantó el borrador triunfante y exclamó:

—¡Sabía que aparecerías, borrador travieso!  



Emocionalmente mágico. Diez cuentos de educación emocional, de Jesús Manzano Castro. Ilustraciones de Néstor Ramsés Martínez Reyes. Primera edición, Oaxaca, México, 2026.


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